martes, 3 de noviembre de 2009

JORGE MEHAUDY: BENDICIONES DESDE ESTAMBUL Y TETUÁN

31/10/09 - Música: Jorge Mehaudy en Sala Mediterránea (Ciclo "Aires del Mediterráneo")



Sefarad. La sola palabra ya convoca un gran misterio. Sefarad, sefaradí, sefardí son distintas maneras de decir lo mismo: península ibérica. ¿Quiénes son, entonces, los sefaradíes? Son los judíos expulsados de España, junto con los árabes, en 1492. Muchos de ellos se afincaron en Estambul (Turquía) y conservaron allí lo poco (lo mucho) que se pudieron llevar: las llaves de sus casas, sus costumbres y su idioma. Pero aquel bello castellano antiguo se infundió de nuevos sonidos al contacto con los dialectos lugareños y dio lugar al ladino, también llamado judeoespañol o judezmo. Los judíos que se afincaron en Tetuán (Marruecos) desarrollaron también otra variante, más influida por el árabe: el haketía.
En estos dos bellos lenguajes el cantautor Jorge Mehaudy despliega una selección de canciones clásicas y de su autoría que pueden verse y escucharse en el ciclo “Aires del Mediterráneo”, una idea para aplaudir de pie. En la intimista Sala Mediterránea, del barrio de Abasto, se está llevando a cabo este ciclo que no sólo lo tiene a Mehaudy como uno de sus animadores sino que contó y contará también con exponentes del fado, el flamenco y la canzonetta napolitana.
Pero Mehaudy no sólo ofrece sus canciones sino que tiene el tino de hacer una breve introducción a cada una de ellas, contando las circunstancias que rodean a la canción y desplegando así, con gracia y carisma, la particular historia de la comunidad sefaradí, sus costumbres, sus anhelos, sus bendiciones. Y en su música se despliegan, verdaderamente, todos los aires del Mediterráneo: resuenan de pronto guitarras con un pronunciado dejo flamenco, estallan las melodías más cautivantes del Oriente, se deja incluso caer una melancolía casi tanguera. En una hora de espectáculo se tiene el placer de viajar hacia confines plenos de misticismo y poesía sin moverse siquiera de la silla, montados en la alfombra mágica de la música, la cálida voz de Mehaudy y los cantes sefaradíes.
Mehaudy, que además de ingeniero, musicalizó shows televisivos y espectáculos para niños, comenzó a investigar hace algunos años su genealogía y sus raíces. A partir de allí decidió revitalizar e inyectarles nueva vida a canciones como “A la una yo nasí” o “Buena semana”, y conformar un espectáculo que rescata no sólo la cultura de un pueblo sino la memoria de un idioma tan cercano, y tan lejano a la vez, al nuestro, donde se adivinan los ayes de las jaryas mozárabes y el salero de los romances, canciones y letrillas de la Edad Media española.
Entre otros temas, el pasado sábado, a pesar de la lluvia y las consecuentes molestias, pudieron escucharse “Bre Sarika”, “Tres ermanikas”, “Kafé d’amaneser” y “Blanka i Blanka”, tema de su autoría que fue finalista en el Festiladino de Jerusalén en el 2006. Estas y otras composiciones conforman, además, su CD “Sefarad – Kantes y tanyres”, editado en el 2008. Acompañado por Diego Mano en teclados y por Luciano Bertoluzzi en cajón y derbake, Jorge Mehaudy con “De Tetuán y Estambul” logra una perfecta amalgama que cautiva el corazón y eleva el alma hacia los más exquisitos ensueños.

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lunes, 2 de noviembre de 2009

SALTO Y NO ME CAIGO

30/10/09 - Teatro: La última vez (que me tiré a un precipicio) (Almeida-Lewis)




Una clown, una cornisa, una valija, un espejo mágico, un banco de plaza, una pierna que no quiere seguir los movimientos de la otra y se queja como un cachorrito, y sueños, sueños desbocados, desmesurados, aparentemente imposibles pero terriblemente humanos: ésos son los elementos principales de “La última vez (que me tiré a un precipio)”, obra de Vicky Almeida y George Lewis (con la colaboración dramatúrgica y dirección de Mario Luis Marino), estrenada en El Piccolino el pasado 16 de octubre. A esos mínimos pero esenciales elementos se le suman: el despliegue de la tecnología, con films y animaciones, el despliegue musical, con la hermosa y prístina voz de la misma Almeida (quien perteneciera al grupo Los Twist), y el vestuario adecuado para un personaje de esas características: ingenuo, sincero, adorable pero un pelín ridículo, un pelín patético.
Una clown, con su roja nariz de payaso, con su vestidito negro y blanco, sus zapatitos también rojos y su temor al vacío. No sólo al que le ofrece el de la cornisa, si no al otro —al peor— al existencial. Una clown que se pregunta, ceceosa, indecisa, al borde mismo del colapso nervioso, “yo, ¿quién soy?”. Y una serie de monólogos al borde mismo de otros tantos precipios intentarán dar la (alguna) respuesta. Cada vez que la clown está a punto de arrojarse, cae en un ensueño del que procura extraer la sabiduría, la clave. Y cada vez reaparece en el mismo punto (al menos, en apariencia) diciéndose a sí misma “tengo que entrar en razón”. Pero ¿cómo se entra en razón? ¿Se entra alguna vez?
Porque cada vez que se intenta entrar en razón, se está más lejos de ella. Los otros están siempre distantes y no contestan ni a las preguntas más triviales. Y se alejan, impasibles. Las cosas permanecen en su mutismo insondable, nada hay donde posar los ojos sin inquietud. Cada vez que se ensaya una posible respuesta se vuelve al mismo punto de desolación, locura y soledad. La clown parece preguntarse no ya dónde está la salida de la vida si no ¿dónde está la entrada?
Así, la obra maneja los tiempos y las sutilidades con una presteza envidiable. La actuación de Almeida sobrepasa a cualquier espectador y sorprende con su gran ductilidad, que dota al personaje de los matices precisos. La música siempre acompaña en el tono justo, en el momento apropiado, con los crescendos necesarios. Las proyecciones ambientan de inmediato al espectador: con sencillez, con calidez, con un minimalismo bien entendido rápidamente estamos ora en la cornisa, ora en la solitaria plaza de la desdicha. Y se cae tanto en la carcajada como en la reflexión más profunda con la misma bienvenida facilidad y gracia.
Por si todo esto fuera poco, la espléndida voz de Vicky Almeida, que sólo se muestra en todo su esplendor hacia el final de la obra, corona un espectáculo que deja no sólo los interrogantes existenciales que todos nos hacemos impresos a fuego en la retina, sino también un mensaje esperanzador y confiado, cifrado en la melodía y en la letra del tema final: “ya no hay heridas en esta vida / lo que quería / era una vida / que fuera mía”. Un espectáculo multidisciplinario para no perderse ni un minuto más.

Funciones: viernes a las 23hs
Teatro El Piccolino: Fitz Roy 2056
Informes: 4779-0353
Entradas: $30

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martes, 27 de octubre de 2009

LA FIESTA DE LOS OTROS

25/10/09 - Teatro / Danza: Muaré (Quesada-López)




El cruce —y hasta el borramiento— entre géneros es moneda corriente en la escena teatral contemporánea. Sin embargo, en ocasiones se tiene la sensación de que las diversas mixturas necesitaran todavía una horneada más, una vueltita de tuerca más que las eleve hasta el punto que sin duda podrían alcanzar. En el caso de Muaré, obra que mezcla de danza y teatro, estrenada ayer en el Camarín de las Musas, dirigida e interpretada por Natalia López (protagonista de La prótesis, de Martín Kahan) y Marina Quesada, la balanza se inclina más favorablemente hacia la danza que hacia la parte teatral.
Si la expresión corporal gana por lejos no es que la parte teatral no esté a la altura sino que tiene un basamento no todo lo firme que la profundidad del tema exhibido requiere: dos mujeres entran y salen (o bien, nunca llegan realmente a “entrar”) de una fiesta, la fiesta de los otros, la fiesta de los que pertenecen y no tienen problemas de identidad. Dos mujeres vestidas con una estética símil muñeca Barbie (vestidos de raso cortitos y con volados) procuran no perderse lo que pasa del otro lado de una misteriosa puerta que se abre sólo para dejar entrar el bochinche, la música, la fiesta, el carnaval del mundo. Tanto procuran no perdérselo como lo temen. Una puerta que se abre para que el cotillón y la diversión se les imprima en plena cara.
Sin embargo, el espectador no comprende rápidamente lo que sucede. No tiene demasiadas pistas y esto lo obliga a ciertas deducciones para empezar a comprender de qué se trata: las dos mujeres están en el cuarto donde los otros, los que sí están en la fiesta, han dejado sus abrigos —y hasta se parapetan detrás de ellos. Sus movimientos erráticos, agónicos, casi epilépticos connotan esa imposibilidad de pertenencia que las hace entrar y salir del cuarto con resultados cada vez más aterradores o desalentadores.
En este punto, un texto más jugado narrativa y dramáticamente hablando hubiera jugado, sin duda, a favor de la comprensión del espectador y hubiera logrado una mixtura más adecuada entre la parte performática y la teatral. Sin embargo, el momento más logrado de la obra es justamente el más vinculado a la danza: entre una y otra inmersión en el ruido glamoroso de la fiesta se produce lo que podríamos llamar un cambio de escena (o mejor aún, de estado) y las protagonistas aparecen en una marea (literalmente) de nylon cristal. Con maillots y gorras para nadar intentan liberarse ¿o asirse aún más? de ese maremágnum de plástico que las rodea y envuelve, y así danzan, giran, se contorsionan, se repelen, se buscan, se retuercen en una suerte de metamorfosis que paradójicamente las devuelve a su mismo estado inicial, una vez que han logrado salir de la crisálida transparente.
Párrafo aparte merece sin duda la musicalización de la obra, uno de los puntos más altos, responsabilidad de Jorge Grela, con Darío Lipovich como músico invitado. Climas perfectamente logrados, sugestivos y acordes a lo que se quiere transmitir refuerzan aquellos puntos no tan fuertes de la puesta. Muy lograda también la escenografía, con un interesante juego de luces a través de paredes de papel que reproducen el efecto “muaré”, efecto que consiste en la aparición de “aguas” o líneas verticales no deseadas en un patrón de líneas horizontales que se superponen.
Paredes tan frágiles, quizás, pero tan fuertes, como las que nos separan del mundo, que “es siempre de los otros” en palabras de Clarice Lispector, fuente de inspiración de esta obra.

Funciones: domingos, 21:30 hs.
Camarín de las Musas
Mario Bravo 960
Reservas: 4862- 0655
Entradas $ 30 (jub. y est. $ 20

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Alternativa Teatral


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jueves, 8 de octubre de 2009

LANZAMIENTO OFICIAL DEL FESTIVAL CERVANTINO DE AZUL 2009

08/10/09 - Conferencia de prensa: III Festival Cervantino de Azul (Casa de la Provincia de Buenos Aires)



Hoy se realizó, en la Casa de la Provincia de Buenos Aires, el lanzamiento oficial del III Festival Cervantino de la ciudad de Azul, declarada “ciudad cervantina” en el 2007, en virtud de poseer una de las mayores colecciones de ediciones del Quijote en el mundo. La inmortal obra cervantina, fundadora de la novela y la literatura modernas, es el eje sobre el cual girarán las numerosas actividades, jornadas, eventos y atracciones que tendrán lugar entre el 5 y el 15 de noviembre próximos en la ciudad azuleña, situada en el centro de la provincia de Buenos Aires.
De la conferencia de prensa brindada en la ocasión, en la que se proyectó un video que sintetiza el espíritu y el recorrido del festival, participaron: el presidente del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, licenciado Juan Carlos D’Amico; el director ejecutivo del mismo Instituto, doctor Sebastián Berardi; el intendente municipal de Azul, doctor Omar A. Duclós; el Agregado Cultural de España, Antonio Prats Marí; el director de la Casa de la Provincia de Buenos Aires, Rodolfo J. Valenta y el representante del Comité Organizador del festival, licenciado Luis María Lafosse.
En la conferencia se dejó en claro el enorme esfuerzo y el gran desafío que representó y representa para la ciudad de Azul el hecho de haber recibido tan enorme distinción para el mundo de la cultura y las letras. Quedó en claro también que el patrimonio cultural de una ciudad o una nación no es solamente unos vetustos libros apilados en un estante o grandilocuentes palabras, sino que puede convertirse en algo dinámico y participativo si la comunidad y las autoridades ponen su empeño en ello.
Así lo hace presuponer (y lo demostrará) el amplio programa de actividades a desarrollar en el festival, que incluirá:

-         música (con la presencia de, entre otros, Árbol, Fulanas Trío, Tuba Tango, Don Vilanova, Musa Rea, Los Descontrolados de Barracas, Juan Bonaudi y Flopa);
-         teatro (podrán verse obras como “Ala de criados” de Mauricio Kartún; “Quien lo probó lo sabe” de Mariano Moro y “Como quien oye llover” de Juan Pablo Geretto, entre otras, y estará presente la Escuela de Espectadores de Jorge Dubatti);
-         literatura (se celebrarán las II Jornadas Cervantinas Internacionales, presididas por el doctor Carlos Alvar, con la presencia de eruditos y académicos como José Manuel Lucía Megías y Melchora Romanos).



- Plaza Don Quijote -

Asimismo, habrá muestras fotográficas, de artesanías, danzas, proyección de películas, eventos deportivos y educativos para los más chiquitos, quienes ya cuentan con su propio Quijote: la prestigiosa editorial Alfaguara ha publicado ya la segunda parte de Las aventuras de don Quijote de la Mancha y de su escudero Sancho Panza – Un Quijote para niños ilustrado por niños. En esta adaptación de Margarita Ferrer y José Manuel Lucía Megías participaron niños de entre seis y doce años que ilustraron diferentes escenas del clásico de todos los clásicos literario.
Como se declara en la carta de intención difundida por los organizadores del festival, “esta nueva edición se presenta bajo el lema: “La diversidad cultural latinoamericana y sus diferentes expresiones”, partiendo de la idea de que no existe una única y estandarizada cultura sino procesos de hibridación donde se generan múltiples interacciones entre diferentes grupos sociales. Conocer la diversidad nos permite repensar nuestra identidad como latinoamericanos.
En este marco, se invitó a presentar propuestas originales y creativas y más de 80 fueron seleccionadas para este Festival Cervantino que pondrá en escena danzas, teatro, cine, música, literatura, fotografía, deportes, gastronomía, turismo, artes plásticas, talleres y diseño.”
Cabe destacar que, como bien apuntó el intendente de Azul, la ciudad puede ser visitada durante todo el año por su gran atractivo turístico y cultural, pero este festival será la ocasión más propicia para conocerla en toda su multiplicidad y esplendor. 




- Plaza central de Azul -

SAER, MALOSETTI & TREMOR EN LA TRASTIENDA

07/10/09 - Música: Jerónimo Saer, Javier Malosetti y Tremor (La Trastienda)




Ayer por la noche el artista franco-argentino Jerónimo Saer (hijo del reconocido escritor argentino radicado en Francia Juan José Saer) brindó el primer recital de su gira nacional, acompañado por los músicos Javier Malosetti y Tremor (Leonardo Castellani).
En el bello recinto de La Trastienda, unos minutos antes de las 21:30, las luces se apagaron y extraños sonidos inundaron el lugar. Una voz femenina, sampleada y sintetizada, repetía “Llegó la novedad, llegó la novedad…” y no se equivocaba: como un verdadero deus ex machina, se vio la figura, vestida de negro y con un sombrero de ala estilo Dick Tracy, de Jerónimo Saer rodeado de máquinas e instrumentos. La extrañeza continuó cuando comenzó a rappear en francés —pero también en un castellano afrancesado— y luego que el código se hubo establecido (sí, la cosa iba a ser así: un músico y cantante rodeado de máquinas y rappeando y, al parecer, nada más) la extrañeza se convirtió en el más puro deleite sonoro.
Con una trayectoria consolidada en la escena hip hop-funk francesa (integró bandas como Departement E, Foxaphonk y La Rime Team) y un disco solista en su haber (“Machine gum”, editado primeramente en Argentina por el sello Los Años Luz en 2007, y ampliado y reeditado por Stereofiction en noviembre del 2008), el despliegue sonoro de que hace gala Saer sorprende por su variedad, coloratura y frescura. Lejos de la música electrónica convencional, Saer apuesta en grande al mestizaje y la texturización, se entrega a la angustia de las influencias y mezcla sonidos y estilos disímiles, para devolvernos poderosísimas bases de drum n’ bass disparadas desde su PC portable a las que se le van sumando, en diferentes capas, sonidos generados por samplers y secuenciadores, a los que, a su vez, les imprime efectos in vivo y les superpone su propia voz.
Pero no todo son máquinas en la música saeriana: hay lugar también para los pequeños instrumentos que suman una nueva textura, sutil, delicada, en un estallido tonal donde no se le teme, ni por un segundo, a la saturación ni a la sobreexposición. Instrumentos como armónica, pandereta, cornetines y otros elementos de percusión acompañan el mix de “tango, groove cinemático, rock más hip hop-funk electro” (según lo definió la revista Openmag) de Saer.
Pero todo no son máquinas en la música saeriana, bis: promediando el show hicieron su aparición los músicos Javier Malosetti y Tremor (Leonardo Castellani), quienes se acoplaron a la propuesta de Saer con una gran perfección (tan así fue que el mismo Saer comentó “hay equipo acá, eh? hay equipo”) y pusieron toda su destreza y versatilidad musical para potenciar aún más un universo musical definitivamente rico y poderoso. El primer tema ejecutado por el trío fue un tango electrónico funkeado de dulce cadencia, que a su vez fue bailado por una excelente pareja de bailarines. Imposible no reconocer por allí un aire a Bajo Fondo, pero vale también destacar la nota de extrañeza y singularidad que le otorgaba cada músico con su instrumento. Más adelante, Leonardo Castellani dejó la guitarra y se calzó el bombo legüero, y más tarde tocó también la batería.
Esta cronista no pudo dejar de pensar, al ver a Saer rodeado de sus máquinas (las cuales pueden ser muy traicioneras también: hilarante fue el momento en que el escenario quedó completamente a oscuras al comienzo de un tema y Jerónimo exclamó, desesperado: “¡Ay, no veo el botón!”) en la famosa reyerta que años atrás sostuviera el maestro Pappo con DJ Deró, respecto de lo que era —o no era— “tocar” música… ¿Es posible seguir sosteniendo hoy día que sólo se toca música con instrumentos tradicionales cuando la música electrónica, la música por computadora, la música electroacústica o como queramos llamarla, ha avanzado tanto? ¿Es posible seguir pensando que los sonidos pueden provenir sólo de instrumentos tradicionales después de los experimentos sonoros de un John Cage, por citar sólo un ejemplo? Pareciera ser claramente que no, aunque cueste acostumbrarse, y la música de Saer viene a corroborarlo con gran belleza.
Así, lo que había empezado con cierta reticencia, como viendo de qué se trataba, terminó con la gente bailando entre las mesas y con ganas de que hubiera Jerónimo Saer para rato.
Afortunados entonces quienes puedan ir a verlo en las próximas fechas de su gira, que se detallan a continuación:

Mendoza/ Domingo 11 de octubre / junto a Fauna
Córdoba/ Miércoles 14 de octubre / junto a Third World Orchestra, Gustavo Lorenzatti y Fernando Caballero, en el Paseo del Buen Pastor a las 20.30 hs.
Rosario/ Sábado 17 de octubre / junto a Psycho Project, en el Parque España

En Uruguay:
Montevideo/ Martes 20 de octubre / Solo Set en la sala Zavala Muñiz del Teatro Solis a las 20hs.

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PROHIBIDO REÍR

02/10/09 - Teatro (unipersonal): La imagen fue un fusil llorando (Molina)

Roberto Arlt (1900-1942) es uno de los autores más importantes de nuestra literatura. Esa escueta descripción, sin embargo, no alcanza a cubrir el amplio rango de temáticas y reflexiones que supo disparar desde sus Aguafuertes porteñas, la columna periodística que lo haría famoso en vida, portento pocas veces visto. Roberto Arlt, con su particular manera de escribir, sus siete locos, su tercer grado de escuela primaria y su apellido imposible de deletrear para las lenguas criollas, supo conquistar a miles de lectores cada día con su columna: lectores que le escribían decenas de cartas y que elevaron, en forma meteórica, la tirada de uno de los diarios más importantes de aquella época.
Nada se escapaba de su pluma irónica, expresionista, salvaje y refinada a la vez. Tampoco el fusilamiento del anarquista Severino Di Giovanni acaecido en los convulsionados años 30. En el aguafuerte “He visto morir” Arlt despliega sus impresiones acerca de este suceso. Ése es el punto de partida elegido por Julio Molina para “La imagen fue un fusil llorando”, una adaptación teatral de dicho texto interpretada magistralmente por Gabriel Fernández, quien ya había caracterizado a Arlt en el programa Algo habrán hecho (Telefé). El texto de Molina, a su vez, pertenece al volumen La carnicería argentina, editado por el Instituto Nacional de Teatro.
La puesta, austera, cuidada, justa, impregna, gracias al juego de luces y sonidos, al espectador en la atmósfera adecuada. Franjas blancas y crudas, junto a opacidades nocturnas y oníricas, tan caras a la estética arltriana. El escritor está solo en su celda —en su cuarto— y su máquina de escribir lo espera. Pero ¿cómo escribir lo que sus ojos han visto? ¿Cómo dar crédito a lo que esos ojos vieron? ¿No sería mejor arrancárselos como Edipo para así ya no soportar el peso de lo que vieron? Sobre estos interrogantes planea el doloroso, poético y singular monólogo-soliloquio de Fernández, cuyos tonos de voz dan siempre con el matiz justo.
La soledad del escritor es extrema, como la del reo que aguarda ser ajusticiado. De ahí la similitud de esa borrosa habitación monacal con una temible celda de penitenciaría de los años 30. Una mesita, una máquina de escribir, una lámpara, un camastro y un espejo. El hombre, de rigurosos traje y corbata, de pelo engominado peinado hacia atrás, va perdiendo la compostura a medida que las horas pasan y no le es posible escribir, contar, narrar, describir aquello que ha visto. Todos sus años de periodismo, de literatura, y hasta su incipiente carrera teatral (en aquel momento Arlt sólo había estrenado las piezas 300 millones y El humillado) no le sirven de nada al ser humano que se ha visto herido en lo más profundo ante lo que él considera es una vil injusticia.
Pero no se trata de reivindicar el anarquismo o los derechos humanos. Se trata de una apuesta mucho más humana y jugada: reivindicar la gesta de un hombre que luchó hasta el final por sus ideales, que gritó “¡viva la anarquía!” antes de ser fusilado, y que se negó a ser vendado, decidido a ver cada detalle de su propia muerte. Es esto lo que el escritor no puede procesar, asimilar: hoy, en esa noche eterna del escribir, no puede cumplir con su oficio de cronista, no puede contar para los demás lo que ha visto, porque lo que ha visto lo ha herido de muerte a él también.
En suma, “La imagen fue un fusil llorando” es una obra que deja el agridulce sabor de las injusticias en el corazón del espectador, pero que también deja la sacra y dura consistencia de las cosas bien hechas en el alma conmocionada por el muy creíble Arlt de Julio Molina y Gabriel Fernández.

Funciones: viernes 22 hs.
Teatro La Carbonera
Balcarce 998
Reservas: 4362 2651

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sábado, 12 de septiembre de 2009

TRÁGICOS Y EXCÉNTRICOS

29/08/09 - Teatro: Ala de criados (Kartun)

Enero de 1919: mientras en la capital porteña se desata la famosa “Semana Trágica”, aquella de la huelga de obreros iniciada en los talleres Vasena, en Mar del Plata una familia de la alta aristocracia pasa sus vacaciones veraniegas sin darle, en apariencia, mayor importancia. 
En la primera escena de “Ala de criados”, la nueva obra de Mauricio Kartun, quien también la dirige, tres lánguidos jóvenes se asolean en la rocosa costa marplatense. No parecen preocupados más que de banalidades y quien primero habla es Tatana, la hermana menor, recientemente llegada del internado en Suiza: “las metáforas son cosa de putos”, proclama, dando el tono justo no sólo de la obra sino de su personaje, en la magistral actuación de Laura López Moyano. Su primo y su hermano no le prestan demasiada atención, pero en cuanto comienzan a hablar y a gesticular queda también claro el carácter de cada uno: Pedro (interpretado por Alberto Ajaka) es un aspirante a seminarista, siempre recto y contenido, mientras que Emilito (interpretado por Esteban Bigliardi, en una actuación sencillamente descollante) es un joven dilettante, un flojo, un típico “niño bien” porteño, preocupado por nimiedades, al borde mismo de la cobardía y la pusilanimidad. 
En este ambiente, con la sangrienta huelga como mar de fondo y la figura omnipresente del “tata” que dirige todos los hilos desde Buenos Aires, aparece un cuarto personaje que introducirá el drama, el amor, la sordidez y el conflicto: Pancho (interpretado por Rodrigo González Garillo) es una suerte de lacayo que duerme en el “ala de criados” sólo porque le prestan allí una habitación y es quien se dedica a lanzar las palomas para que los aburridos snobs se entretengan en el club de tiro a la paloma marplatense. Recio, varonil, un auténtico “guapo”, un personaje típico de la incipiente clase media porteña, esa que no está ni abajo de todo ni tampoco arriba y que para sobrevivir debe recurrir a la “engañifa” y a los peligrosos dobles juegos con unos y otros para salvarse. 
La joven Tatana queda impresionada ante este hombre “literal”, que desconoce qué cosa sea una metáfora (aunque sí sabe y practica la engañifa), tan diferente a todo lo que ella ha visto hasta el momento. La tensión sexual entre ambos es clara y contundente desde el primer instante en que se cruzan y es uno de los pivotes en los que la obra se asienta para sostener su dramatismo e interés. Interés que no decae ni por un segundo, a pesar de la longitud de la misma, que rebasa las dos horas de duración: el espectador está siempre atornillado a su butaca, con lo que queda demostrada no sólo la maestría de Kartun como dramaturgo sino también su perfecto conocimiento de los resortes que hacen que las historias avancen y, en este caso, el espectador junto con ellas. 
Pero otro de los pivotes sobre los que se asienta la obra es la huelga, la conformación de la Liga Patriótica y de otros grupos de apoyo a las fuerzas del orden que cundieron en aquellos días. En la abulia del verano marplatense, alterada sólo por los suaves disparos (“paff”) a las indefensas palomas, los porteños y Pancho deciden agitar un poco las cosas: ellos por diversión, Pancho por desesperación. Y luego de hacerle la seña convenida a Tatana para que lo vaya a visitar al ala de criados, el pequeño grupo comando conformado por los cuatro, sale a hacer destrozos en lugares como la Biblioteca Juventud Moderna, de donde se llevan como precioso y simbólico botín, entre otras, las tres obras claves de Emile Zola, padre del naturalismo: Naná, La bestia humana y Germinal. 
Así, en un ambiente de creciente efervescencia y delirio, quienes eran los débiles, los buenos para nada, los rechazados por inservibles, a los que ni siquiera su apellido de alta alcurnia les permitía ingresar a la Liga Patriótica, terminan siendo los opresores, los dominadores, los auténticos salvajes contra el único que tenían a mano: Pancho, el nadador de dos aguas, el que sólo sabía hacer engañifas, el que debía jugar sus cartas con la mayor astucia posible, el que rogaba a unos y a otros por su salvación sin lograrla. 
En resumen, una obra sencillamente magistral que a más de contar con actuaciones brillantes y los toques justos de grotesco y comicidad, revela un fino y delicado trabajo de restauración del lenguaje coloquial porteño de aquel entonces, en el que se mezclaban con total impunidad el inglés, el francés y el criollo más rancio y que es lo que, en opinión de esta cronista, le sirve a Kartun para fundar todo un universo digno de la mayor admiración. Una obra, además, para ayudarnos a pensar por qué hoy estamos como estamos, si aquellos fueron nuestros antepasados. 

Funciones: viernes a las 21hs, sábados a las 22.00hs, domingos a las 20hs.
Teatro del Pueblo: Diagonal Roque Sáenz Peña 943
Informes: 4326-3606
Entradas: $40 y $25 a jubilados y estudiantes

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LA MAGIA DEL GUITAR CRAFT

27/08/09 - Música: Círculo de Guitarras de Buenos Aires (Templum)


Quien desee escuchar algo diferente, musicalmente hablando, hará muy bien en ir a la próxima presentación del Círculo de Guitarras de Buenos Aires, si no tuvo la suerte, como esta cronista, de asistir a su última presentación en Templum el jueves 27 de agosto. 
El Círculo de Guitarras de Buenos Aires es una agrupación de guitarristas acústicos que se formó en 1994, como el capítulo local de un movimiento musical más grande, iniciado en 1986 por el guitarrista y compositor Robert Fripp, el legendario líder (aunque él no guste de ser llamado así) de King Crimson. Fripp, desde siempre un innovador, no sólo fundó un nuevo concepto musical (el llamado “guitar craft”) sino que también implementó una nueva afinación para dicho instrumento, a través de la cual se consigue simplificar mucho las cosas para los ejecutantes, así como también un sonido muy particular, más “afilado” y que permite registros más amplios, tanto graves como agudos. 
Los alumnos de guitar craft de todo el mundo, con sus guitarras acústicas con cuerdas de acero afinadas según la Nueva Afinación Standard (o “New Standard Tunning” en inglés), se nuclean en The League of Crafty Guitarrists, una mega-agrupación musical que ya ha visitado nuestro país en numerosas ocasiones, siempre con Fripp a la cabeza. A su vez, muchos de ellos conforman los distintos “círculos” que hay por el mundo, como el de París, Nueva York, Seattle y Barcelona. En nuestro país, además del de Buenos Aires, existen los círculos de Mendoza y de Rosario. Otras bandas cultoras de guitar craft argentinas son la ya mítica Los Gauchos Alemanes, el guitarrista Fernando Kabusaki, Zum y Big Time (trío conformado por dos de los integrantes del CGBA, Claudio Lafalce y Horacio Pozzo). 
El número de integrantes es, como nos comentaron los músicos en un mini-reportaje al terminar el show, variable. En este momento está conformado como sexteto, pero “a principios del año pasado era un noneto. Más o menos la formación va variando de acuerdo a las posibilidades, los proyectos personales y las performances de los integrantes. Y llegamos a ser, en el show más grande que yo recuerdo, veintitrés guitarristas en escena, acá en Templum”. 
El show del último jueves comenzó con una “circulación”: la circulación es algo así como el “pase” de una nota de uno a otro músico, completando el semicírculo en el que todos se disponen en el escenario. Es decir, si la primera nota arranca en el músico que está ubicado en el extremo derecho, éste se la “pasará” a quien esté inmediatamente a su lado y así hasta completar la vuelta. Esta forma de tocar requiere de una gran concentración y compenetración de unos músicos con otros: el ambiente intimista y recoleto de Templum es el ideal para poder apreciar esta dinámica grupal bien de cerca. Basta observar con atención cómo los músicos dialogan no sólo a través de las notas sino también a través de los gestos y las señas que se hacen unos a otros. 
Luego, el repertorio, que siempre es amplio y variado en cualquier agrupación de guitar craft, ya que la NST permite afrontar cualquier estilo musical con una facilidad mayor que la afinación tradicional, incluyó piezas originales del CGBA, piezas de Fripp, desde luego, y piezas de Piazzolla, Beatles, Bach, Big Time, Frank Zappa (para emoción y delirio de quien esto escribe), temas de película (de “Good-bye Lenin”, específicamente) y una deliciosa versión de un hit de los setenta (reeditado en los ochenta) como “I’m your Venus”. Como los mismos músicos aseveraron, “hacemos de todo un poco, también depende de la época y del arreglo y de la cantidad de personas que seamos, pero puede ir variando”. Vale destacar la absoluta calidez del show, la perfecta dosificación de diferentes ritmos y estilos, la pausada y armónica dulzura de las circulaciones y la grata experiencia que significa ver, al fin, algo distinto, algo que realmente se destaca y que vale la pena ver cuantas veces sea posible. Si bien el CGBA no aspira a la masividad, y su propuesta no pasa precisamente por allí, tienen el buen tino de no aspirar tampoco al elitismo absurdo, de no encerrarse en un cenáculo de “entendidos” y de mantenerse al margen de las bizantinas discusiones acerca de si este tipo de expresiones musicales son sólo aptas para “músicos” o para melómanos. El CGBA es una invitación a la magia del guitar craft y, por sobre todo, un maravilloso convite al disfrute musical que cualquiera puede apreciar.
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LOS EXTREMOS DE LA SOLEDAD

27/08/09 - Teatro / Performance: Solas no más (Acebo, Herrera, Daulte)

“Solas no más” es un espectáculo teatral dirigido por Jorge Acebo y compuesto por dos obras: la performance “No más solas” (de Jorge Acebo y Matías Herrera) y “Dos mujeres” (de Javier Daulte). La performance, breve, que oficia de apertura, realizada por Magalí Moreno, Natalia Pascale y Florencia Noverasco, consiste en un monólogo partido y repartido entre tres personajes: tres mujeres patéticamente solas, cuyas lágrimas de rímmel ya están tatuadas en su piel, que fuman y toman helado a mansalva y que ya no soportan su soledad. En la brevedad de la performance queda claro hasta qué ignominiosos puntos es capaz de llegar una mujer para paliar de algún modo esa situación desesperante. 
Pero el camino tomado por las dos protagonistas de la segunda parte del espectáculo, Alejandra y Clara (Gisela Sabatella y Mariela Rodríguez) es aún más extremo. Si bien al comienzo parece más racional, más, si se quiere, “proactivo”, en tanto que en lugar de quedarse tiradas en el sofá comiendo helado y quejándose amargamente, hacen algo, las cosas se les irán de las manos. Un departamento, dos mujeres arreglándose, preparándose para una gran cita. Una cita a ciegas, por medio de un aviso en una revista. En estos tiempos de relaciones descartables y de amor líquido no parece demasiado extraño que la gente pretenda conocerse así. Pero rápidamente se advierte que sí hay algo extraño allí: no esperan a dos hombres, sino que esperan al mismo. Todo ha sido hablado y convenido de antemano y ambas parecen estar de acuerdo en compartir a ese único candidato. 
Los preparativos se aceleran, los peinados, los maquillajes, las vestimentas se retocan una y veinte mil veces, pero el timbre no suena. Menos el teléfono. Muy pronto nos damos cuenta de que Alejandra y Clara hace ya demasiado tiempo que están solas y que por eso han aceptado esta oportunidad como su única tabla de salvación. En el medio surgen peleas y rencores de antaño, toda la fragilidad de las relaciones humanas salta a la vista en esa espera interminable del príncipe azul salido de una revista femenina. ¿Llegará o no llegará nunca para estas treintañeras desesperadas? 
Cuando ya se dan por vencidas, cuando cada una decide ir a mirar tele o a encerrarse en su habitación, el timbre suena. El revuelo es tal que hasta pierden el control de sus esfínteres. ¡Germán, el príncipe azul, ha llegado! Pero tardan tanto en abrir la puerta que como el sueño que es se ha esfumado. ¿Se ha esfumado? No, no, qué va. Está allí. Bueno, no es exactamente como lo esperaban pero ahí está. En una silla de ruedas, sin poder hablar. Pero es Germán, ¡qué importa! 
A partir de ese momento, la comedia dramática o la tragicomedia exhibe momentos de un humor negro y de un patetismo que obliga al espectador a preguntarse de qué demonios se está riendo si lo que está viendo es una de las muestras más grotescas de la debilidad y la desesperación humanas. Sin anticipar el final, puede decirse que los acontecimientos toman un rumbo lógico dentro de la inconexa lógica del devenir de dos mujeres que no pueden más con su soledad, que ya han estado solas antes, que no parece que vayan a dejar de estarlo más adelante y que ven esfumarse, una vez más, la posibilidad de estar, al fin, acompañadas. 
El personaje de Clara es, sin duda alguna, el punto más fuerte del espectáculo en tanto representa numerosas tipicidades y estereotipos del mundo femenino reunidos y “remixados”, obteniendo así una mística díficil de superar. La actuación de Matías Herrera como Germán también es digna de destacarse en tanto compone sin caer en la caricatura a un lisiado que apenas puede expresarse a través de gruñidos y vagas señales. El personaje de Alejandra tiene también un momento de honda tensión dramática cuando expresa, con palabras claras y contundentes, todo el hastío de una vida no coronada por el amor de pareja. 
En suma, un espectáculo que si bien incursiona en tópicos muchas veces visitados —la crisis de los treinta, la soledad y la soltería femeninas— logra aportar un grado de patetismo y grotesco tal que no sólo arranca carcajadas sino que en medio de ellas deja pensando y reflexionando al espectador, algo muy loable en tiempos donde pensar parece no estar de moda. 

Funciones: sábados a las 23 hs.
Teatro Andamio ‘90
Paraná 660
Reservas: 4373-5670
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IMÁGENES PAGANAS (O UNA DE VAMPIROS)

24/08/09 - Teatro: El vampiro (González)

El lunes por la noche se estrenó “El vampiro (relato fantástico en escena)”, espectáculo teatral multidisciplinario inspirado en el relato homónimo del escritor rioplatense Horacio Quiroga (1878-1937). Con las actuaciones de Néstor Ducó (como Guillermo Grant), Pablo Lapadula (como Rosales) y Ailín Salas (como la hija vampiro), y bajo idea, adaptación y dirección general de Eloy González, la obra aspira a entrecruzar diversas disciplinas, como la literatura, el radioteatro, la música, el ilusionismo, el cine y algo que podría denominarse, en opinión de Pablo Capanna, la “ciencia patológica”, en una puesta que saca el máximo partido de las instalaciones en las que se realiza (el bello Palacio Teatro El Victorial) y que obliga al espectador a una nueva experiencia teatral. 
“El vampiro”, junto con “El espectro” y otros cuentos de temática similar de Quiroga, constituye uno de los sectores menos frecuentados de su obra. Son relatos tardíos, que versan todos sobre distintos aspectos del cine, una de las pasiones del escritor, famoso por obras maestras como “El almohadón de plumas” o “A la deriva”. En estos cuentos, sin embargo, Quiroga no despliega la misma maestría, ganado acaso por la novedad y la fantasía de los temas que intenta abordar. Tanto en “El espectro” como en “El vampiro”, ambos protagonizados por su alter-ego Guillermo Grant, las figuras que parecen tener vida sólo en la pantalla pasan a tenerla, por misteriosos mecanismos, también fuera de ella. En el caso de “El vampiro” se le imputa dicho “milagro” a los rayos N1, un fabuloso fraude científico de comienzos del siglo XX, ya que dichos rayos, como rápidamente se descubrió, no existieron jamás. 
Sin embargo, éste es el punto de partida elegido para desplegar la multiplicidad de efectos e impactos en la obra teatral que nos ocupa. Mientras los espectadores aguardan en el foyer del teatro-palacio y la melodía de “Moon river” suena y resuena una y otra vez (primero cantada por Frank Sinatra, luego por Louis Armstrong, y también por Luciano Pavarotti), de pronto las luces se apagan y por la puerta que da a la calle, entra un hombre abatido. Allí, aunque no lo parezca, ha comenzado la función. Apelando al relato en off, a la manera de un radioteatro, y mechándolo con la impecable actuación de Néstor Ducó (quien posee, además, una voz inigualable y perfecta para el personaje de Grant), comienza a desplegarse el texto de Quiroga, que a la vez va siendo actuado y puesto en escena de infinitas formas. 
Así, cuando Grant se encuentra en el cine con el extraño señor Rosales, ya todo el público está cómodamente sentado en las butacas del teatro, mágicamente convertido en cine, y está viendo, como los personajes de la obra, una película (película filmada expresamente a partir del mismo motivo del cuento). La duplicidad de efectos y refracciones, tan cara a las pseudociencias y a la imaginería de un escritor como Horacio Quiroga, fuertemente influido por su maestro Leopoldo Lugones, se representa así a través de la doble asistencia del público a tanto una puesta teatral cuanto a la exhibición de un film. 
Vale la pena destacar también, en la misma línea, la lograda conjunción de efectos especiales y proyecciones de video para darle “vida” a la criatura extraída por Rosales del celuloide, la misma que dice haber reconocido a Grant por haberlo visto ya tantas veces “del otro lado de la pantalla”, en la sala de los cines donde se daban sus películas. Con un gran despliegue escénico y técnico se logra un montaje que recuerda lo que varios años después de Quiroga haría Adolfo Bioy Casares en su novela La invención de Morel. Pero esta fascinación de los hombres por las criaturas irreales, o fantasmagóricas o, si se quiere, más reales que la propia realidad (todo depende del punto de vista adoptado) habrán de salirles muy caro, como lo demuestra el propio cuento de Quiroga y todas aquellas obras donde la faz prometeica del hombre asoma. 
Vale destacar la participación especial de Graciela Borges como la voz en off de la madre vampiro y la excelente selección de diversos pasajes pianísticos de Fredéric Chopin para darle los toques exactos a cada escena: intriga, vértigo, temor, emoción, suspenso, todos en fina concordancia con la obra y la ambientación del lugar. 

Teatro Palacio El Victorial: Piedras 720
Funciones: lunes a las 21hs.
Informes: 4545-099 / elvampirodehoracioquiroga@gmail.com
Entradas: $20. Con reservas: $15.
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A FAVOR DEL DESEO

23/08/09 - Teatro: Las González (Sacoccia)

En este domingo soleado y ya primaveral se realizó la función de prensa de “Las González”, obra de Hugo Sacoccia, con dirección de Néstor Romero y las actuaciones (verdaderamente estelares) de Catalina Speroni (Blanca), Ana María Castel (Porota), Cecilia Cenci (Rita) y Ángela Ragno (Genoveva). Como el mismo autor de la obra señala, se trata de un “homenaje a la mujer de todos los tiempos, esa que los pueblos de todas las razas acallaron por temor a su poder natural”. Pero no es sólo eso sino también una declaración, una carta abierta, un manifiesto teatral y poético a favor del deseo. 
El deseo (no sólo sexual sino el deseo entendido en su máxima expresión), ese cuco que gobiernos, preceptos y religiones quieren hundir, esconder, acallar y maniatar. El deseo, el motor que mueve a los seres humanos, el que les permite levantarse de la cama cada mañana y enfrentar lo que sea. El deseo, ese peligroso animal que anida en los corazones y que se multiplica y ofrenda sus primicias con todo candor cuando es una mujer la que lo esgrime. Cuán escandaloso no será, entonces, para las mentes bienpensantes, cuando se trata del deseo de una mujer mayor. Una mujer que ya debería estar “retirada” por no poder ser ya más el recipiente de la creación y su guía. Una mujer que ya debería estar recluida en la oscuridad de sus aposentos, dedicada a labores fútiles hasta que la mano piadosa de la muerte se la lleve. 
Pero no. No será así para la mayor de las González, cuatro hermanas que residen en algún perdido y típico pueblo del interior de la provincia de Buenos Aires, uno de esos pueblos donde todos se conocen y donde todos se espían y se envidian mutuamente, un pueblo salido de las páginas de una novela de Manuel Puig. Donde se tejen y destejen soterradas pasiones y donde no está bien visto que una mujer mayor tenga deseos y los cumpla. El comportamiento franco y abierto, libre de prejuicios de Genoveva, la mayor de las González, sumerge a las otras tres en un torbellino de cambios que apenas pueden procesar. 
Las dos hermanas del medio (Blanca y Porota) se resisten a todo cimbronazo de su status quo y pretenden ponerle fin a la conducta “descocada” y “libertina” de Genoveva. Conducta que pone en peligro no sólo sus cimientos morales y sus nociones acerca de lo que una mujer debe ser, sino también su futuro económico, algo que las preocupa quizá mucho más que lo anterior. Ciegas a su propio deseo sólo pueden atacar el problema pensando que Genoveva ha enloquecido o que tiene una seria enfermedad. 
Será Rita, la menor de las González, la que primero comprenda y realice el cambio de actitud necesario para poder ella misma comenzar una nueva vida a la par de la que ya lleva su hermana mayor. Es de destacar el excelente trabajo actoral de Cecilia Cenci, quien logra darle el toque de candor, dulzura e inexperiencia ajustados a un personaje que se desliza por una fina línea, entre la eterna niña y la mujer que todavía no puede ser, pero que gracias a la luz que emana de su hermana mayor logra dar los primeros pasos hacia su propio deseo. 
Con diálogos desopilantes, situaciones de alto vuelo humorístico y actuaciones deslumbrantes (en especial, la de Catalina Speroni) se va desenvolviendo una trama bien llevada, deliciosa y amena por igual. El estoicismo aprendido, la servilidad frente al hombre, los deseos ocultos y reprimidos, el chismorreo descontrolado, la pacatería, la resignación, el olvido, los amores frustrados y la vida vegetal que llevaban esas tres mujeres sometidas a la ausente (pero igualmente presente) figura de un padre rector, se van derritiendo al calor de las nuevas experiencias de Genoveva, producto todas de su “entrenamiento de la actitud” y de su hermosa búsqueda en pos de lo único que vale la pena buscar en este y en todos los mundos posibles: la ternura. 

Funciones: domingos a las 19 hs
Teatro del Pueblo: Roque Sáenz Peña 943
Informes: 4326-3606
Entrada: $30

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TODO GRIS CON UNA LÍNEA NEGRA EN EL MEDIO

16/08/09 - Teatro: Tiempo atrás ellas también habían tropezado (Tale)

Ayer, domingo 16 de agosto, se estrenó Tiempo atrás ellas también habían tropezado, de Susana Tale, con dirección de Alejandro Vizzotti y la actuación de Carina Conti, Claudia Mac Auliffe y Sonia Novello. Tres mujeres solas, hablando cada cual su propio idioma, creyendo que se escuchan unas a otras pero en el más absoluto aislamiento (el peor de todos, el emocional) conviven en una casa a la que, al parecer, acaban de mudarse. Todas tienen una pena de amor y todas recuerdan un beso, un beso especial, único e imposible, el mismo que las mantiene de pie y les permite cumplir con sus tareas diarias (“a dormir”, “a levantarse”, “a comer”). Está la que declara abiertamente que usa a los hombres y sólo quiere sus “fluidos”; está la que habla con una máscara, la misma que sueña con sus hombres colgados de la soga como si fueran ropa recién lavada y ella debe escoger cuál ponerse (fatalmente elige a los que la “dejaron sola”); y está la que habla con un traje de hombre vacío, que también cuelga como los hombres del sueño de la otra. Las tres se lamentan, las tres padecen, las tres se pliegan a las locuras de las demás, pero las tres están irremediablemente solas y queda flotando la duda acerca de si el hombre por el cual todas penan no es, acaso, el mismo. “Si un monstruo parece un monstruo, entonces es un monstruo”. Y el monstruo no es aquí el amor o la pasión sino la soledad, la vejez, el inexorable paso del tiempo. El verdadero monstruo es la imposibilidad de toda comunicación, que queda patentizada en esos imposibles diálogos entre ellas mismas y en su relación con la máscara o el traje masculino. 
Para lograr que ese monstruo asome su horrible cabeza la obra se vale de varias instancias: la vestimenta de las tres protagonistas es igual y sólo varía en su color (primero un look muy ochentoso, luego se ponen unos vestidos muy años cuarenta); sus constante ir y venir entre cajas, papeles y el desorden propio de una mudanza reciente; la inquietante coreografía (inquietante por lo triste, por lo ridículo, por lo patético) que se superpone a un tema musical que, a priori, no parecería propicio para ser bailado como “Paradise city” de Guns N’ Roses; y, por último, el pivote sobre el que gira toda la obra, que es la fragmentación y la disolución constante. Quien espere una obra teatral estructurada de forma más o menos clásica y con una ilación narrativa lineal, se verá defraudado, puesto que la estética elegida es otra: son retazos, franjas, tiras que conforman un gran collage y que se arma en forma algo tortuosa en la cabeza del espectador. 
Vale destacar que a pesar de los nervios propios del estreno y de un pequeño retraso, las actuaciones, una vez que las actrices se soltaron, sobresalieron por su calidad y si hay que hacer notar algo es que en un pasaje el ruido de las sillas y la mesa corriéndose taparon los parlamentos. Sin duda, una obra para ver y asistir a otra manera de presentar la triste realidad de incomunicación, insatisfacción e infatuación en la que estamos todos inmersos. 

Funciones: domingos, 21 hs.
Teatro Del Borde
Chile 630 San Telmo
Reservas: 4300-6201
Entrada: $ 30 (jub. y est.: $ 20).
Duración: 50 minutos. 

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RESISTIR CON TODO EN CONTRA

05/07/09 - Teatro (unipersonal): Mi nombre es Rachel Corrie (Rickman, Viner)

Resistió con todo en contra. Eso hizo Rachel Corrie, la joven pacifista norteamericana, aplastada en 2003 por una topadora del ejército israelí durante un acto de resistencia no violenta en la franja de Gaza. Porque era linda, porque era rubia, porque era norteamericana, porque sencillamente el status quo dice que no debía estar allí. Ella debía estar en su pueblito natal, Olympia, estudiando en la universidad estatal, escribiendo para algún periodicucho, juntándose con otros vacuos jóvenes de su edad. Pero no. Rachel no. 
Su espíritu indomable, invencible, irreductible la llevó a asomar su nariz más allá de los encorsetados límites que conocía. Nómade, rebelde, “quilombera”, Rachel Corrie salió a comerse crudo el mundo y el mundo se la comió a ella, con su notoria y deleznable indiferencia. Y, precisamente, si algo no se puede hacer es permanecer indiferente frente a esta obra teatral (Mi nombre es Rachel Corrie, protagonizada por Constanza Peterlini, dirigida por Agustín Rafael Martínez, con música de Emanuel Brusa y esculturas de Nicolás Bai), que conmueve hasta las fibras más hondas y que demuestra cuánta poesía puede haber en una vida. Mientras otros ponen, con infinita paciencia y resolución, con timidez a veces y con arrebato otras, por escrito sus versos, Rachel decidió que iba a escribir su caudaloso poema, su dolorosa diatriba con su propia vida. 
Entonces, del maravilloso caos de sus escritos (artículos, diarios íntimos y, sobre todo, sus cartas) nace esta obra, gracia al trabajo realizado por Alan Rickman y Katherine Viner sobre los textos originales de Rachel. El resultado es una catarata whitmaniana de belleza, indignación, dolor y desgarro, pero sobre todo de una poesía inefable que conmueve a los corazones más anquilosados y, además, llama —constante, apremiantemente— a la acción. Y si no a la acción, pues timoratos, cobardes y asustadizos hay y habrá siempre, a la reflexión, a la detenida contemplación de los dilemas éticos y morales que se plantean detrás de un conflicto bélico que no parece tener fin. 
La brillante actuación de Constanza Peterlini como Rachel da vida a un personaje que de por sí era la viva encarnación del fuego, del impulso y del horror ante cualquier injusticia. Con un aceitadísimo manejo de los tonos de su voz, la actriz logra no sólo encarnar perfectamente a Rachel sino también traer al escenario a la madre y al padre de ésta, presentes a través de sus cartas. Peterlini también logra corporizar, gracias a la perfecta conjunción de los juegos de luces, engarzados con una serie de esculturas alusivas a la obra que desfilan por delante de los espectadores (como en un caleidoscopio o una linterna mágica), a los sueños, deseos, viajes y recuerdos de Rachel. Todos los momentos clave de una existencia corta, pero mucho más intensa que otras tantas vidas juntas, aparecen metaforizados en luces y sombras allí. 
Rachel Corrie era un espíritu poético puro: la poesía es rebelión, resistencia, es decir “no” a las injusticias que nos inflinge el mundo. La poesía es por eso mismo tan necesaria en un lugar que todo el tiempo se empeña en hacernos olvidar cuál es nuestra esencia verdadera, que no es otra que la de la intrínseca bondad humana. Esa misma bondad que Rachel termina cuestionándose amargamente al promediar la obra. 
Como a su compatriota Walt Whitman, nada le es indiferente a Rachel y aunque siempre se sienta una “anormal” o una “ingenua”, y nunca se encuentre bien en ningún lugar, sus ideales, sus sueños, sus deseos no permitirán que descanse un sólo segundo si hay alguien sufriendo cerca suyo. Saberse llena de privilegios en un mundo donde muchos no saben si el techo de su casa permanecerá sobre sus cabezas un día más o se desplomará producto de una explosión, la llena de ira y vergüenza, y es esa misma bronca la que viene a decirnos, a increparnos, a preguntarnos qué demonios estamos haciendo nosotros ahí sentados, por qué permitimos que eso pase, por qué estamos dejando que el mundo sea tan horrible cuando puede ser tan hermoso. 
Mi nombre es Rachel Corrie es una obra para ver —en el sentido más amplio del término— libre de todo prejuicio, abiertos a toda su torrencial y maravillosa poesía. Es una obra para emocionarse hasta lo indecible y aplaudir de pie. Y baste, como muestra de su pensamiento, este fragmento de su “diatriba”: 

“Espero ver más y más personas dispuestas a oponerse a la dirección en que el mundo se mueve: una dirección donde nuestras experiencias personales son irrelevantes, donde somos defectuosos, donde nuestras comunidades no son importantes, donde no tenemos poder, donde el futuro está determinado, y donde el más alto nivel de humanidad se expresa a través de lo que elegimos comprar en el shoping.” 

Teatro Payró - San Martín 766
Reservas al 4312 5922
Entrada: $30 (Estudiantes y Jubilados $15)
Viernes 22 hs. (a partir del viernes 17/07)

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LA POESÍA DANZANTE DE LA BAHÍA DE SAN FRANCISCO

24/05/09 - Teatro / Danza: La bahía de San Francisco (Gandini-Acuña)

La posmodernidad plantea desafíos en todos los órdenes del quehacer humano. En la esfera del arte ha producido numerosos cimbronazos, aunque aún estemos aguardando algo que realmente sacuda los cimientos hasta el fondo. Mientras esperamos, en tensa calma, que eso suceda, las ruedas inconmovibles de la creación siguen rodando y así surgen obras que, sin ser peyorativos, podríamos llamar “híbridas”, en tanto en ellas se entrecruzan o amalgaman diversos géneros sin que —todavía— nazca algo completamente nuevo. 
Ése es el caso de “La bahía de San Francisco”, puesta teatral / escenificación poética / ensayo coreográfico basado en tan sólo una escena de la película Vértigo del gran Alfred Hitchcock. Subyugados por la incontenible poesía de la escena, en la que Kim Novak (Madelaine) se arroja a las danzantes aguas de la bahía simulando su suicidio, los bailarines, coreógrafos y también directores de la puesta, Luciana Acuña y Fabián Gandini, ponen en juego numerosas tramas genéricas y discursivas. 
En este sentido, la obra parte de una obra anterior, la película de Hitchcock y, más acotadamente, de una única escena, pero nada se sabe acerca de las escenas previas, ni del desarrollo general del argumento de la película, ni tan siquiera cómo termina o qué pasa después de que James Stewart (Scotty) rescata a Novak. A partir de allí, Acuña-Gandini despliegan una serie de cuadros escénicos en los que el espectador asiste, aunque al comienzo no lo sabe con certeza, a los ensayos (y hasta podría decirse que a los ensayos de los ensayos) de una futura obra que, en rigor de verdad, nunca llega a estrenarse o, mejor aún, se estrena en la mente del espectador al rememorar la obra completa. 
Sostenidos en ese eje, los protagonistas se presentan ante el público vestidos con enteritos de neopreno en un escenario vacío, rematado con tres sillas, dos relojes que misteriosamente marcan la misma hora, y una laptop en un costado. Con el transcurrir de la obra, se verá que el escenario no estaba tan vacío como al principio se creía, que las sillas tienen una razón de ser y que los dos relojes también cumplen una función primordial, así como la cortina que hacia el final se correrá para dejar ver la bahía de San Francisco en su plenitud. 
Sin embargo, si algo caracteriza a la obra es el quiebre casi constante de la ilusión dramática llevado hasta el punto de verbalizarlo en uno de los apartes culminantes. Más todavía, habría que decir que así como no hay trama (o, mejor dicho, la trama es simplemente la representación de una representación) tampoco hay demasiados diálogos, lo que se complejiza con unos cuantos apartes que procuran hacer caer las barreras, tirar abajo la “cuarta pared” que toda obra de teatro se obstina en respetar. Pero, al mismo tiempo, la obra lleva a escena uno de los ejercicios más célebres de la técnica teatral (aquel en el que un actor podía decir “buenas tardes” en por lo menos una veintena de inflexiones diferentes) en un doble juego especular: por un lado, el teatro dentro del teatro y, por otro, los diferentes ángulos desde los que, en este caso, puede ser vista una misma escena (como cuando repiten la coreografía con los ojos cerrados). O, si se quiere, extendiendo el paralelo hacia otra esfera del arte, la música, se trata de variaciones atonales y desacompasadas, mas no por ello menos logradas, de un mismo tema (una misma escena, más todavía: unos cuantos fotogramas). 
Vale destacar el intenso trabajo coreográfico de ambos actores-bailarines, en especial de Luciana Acuña, y los momentos de comicidad no buscada que el ensayar y repetir una y otra vez “lo mismo” producen en escena. En resumen, se trata de una obra que hace una fuerte apuesta por el quiebre de los lineamientos clásicos en pos de un rupturismo que todavía no ha dado sus mejores frutos pero que, sin duda, vale la pena sondear con espíritu y ojos bien abiertos. 

Funciones: domingos, 21 hs.
Camarín de las Musas
Mario Bravo 960 
Reservas: 4862-0655
Entradas: $30 jub. y est. $15

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ESPERANDO AL POCHO

17/04/09 - Teatro: Nada te turbe, nada te espante (Manso)

Alguna vez habrá que hacer una rigurosa revisión de la iconografía peronista en nuestro país. Más específicamente, de los mitos que sus figuras faro (Perón y Evita) generaron consciente o inconscientemente. Muchas obras literarias pueden entregarnos numerosas claves en este sentido. 
Si en la novela Los reventados de Jorge Asís un grupo de hombres esperaba la vuelta de Perón fabricando posters para vender en los alrededores de Ezeiza (creyendo además salvarse con ese gran “negocio”), en “Nada te turbe, nada te espante”, obra de teatro escrita por Diego Manso y dirigida por Pablo Rotemberg, estrenada el pasado viernes 17 en el Camarín de las Musas, es un grupo de mujeres (interpretadas por Débora Dejtiar, Laura López Moyano y Viviana Vázquez) el que espera el mismo acontecimiento, pero de una manera muy diferente. 
Tres mujeres saqueadas, vapuleadas, jaqueadas esperan el regreso del líder justicialista. Junto a ellas está también un homosexual transformista del que una, la —en apariencia— menos lúcida mentalmente, está perdidamente enamorada. Tres mujeres que en el calor, sofoco y sordidez de un vestuario, de un camarín de un antro de mala muerte, esperan lo imposible: la redención. Pero su espera no es pasiva ni paciente. Tienen planes. Y piensan llevarlos a cabo. En realidad, su dudosa actividad en el bolichongo es una tapadera: van a hacer la revolución. Y están decididas. Y nada podría detenerlas ni hacerlas desistir. 
La trama se va desenrollando lentamente, a pesar de la cortedad de la obra (apenas unos 70 minutos en tiempo cronológico; en tiempo de sensaciones y emociones, la obra tiene picos muy agudos, logrados por las excelentes actuaciones de los cuatro actores). Podría decirse que la obra oscila entre el grotesco discepoliano, la novela rosa —pero descarnada— y la perfecta hechura puiguiana del personaje del homosexual (representado por Germán Rodríguez). El escenario permanece igual a lo largo de toda la puesta, salvo en la escena final; los cambios de escena están adecuadamente marcados por la música, las luces y las entradas y salidas de los números que las “actrices” deben representar en ese lugar. 
La actuación es precisamente uno de los ejes tematizados: las mujeres actúan, por llamarlo de algún modo, ante sus clientes; actúan entre ellas; actúan hacia “fuera”, manteniendo la triste fachada de mujeres golpeadas por la vida, de quien nadie sospecharía que aguardan el momento exacto de entrar en acción; y actúan también para sí mismas, empeñadas en mantener cada una un rol que le ha sido asignado hace mucho tiempo y del que no se pueden ya apartar: una, inclaudicable en su amor por el General, a quien llama por su apelativo cariñoso “Pocho”, sigue aferrada a una carta que éste le enviara cuando ella era apenas una púber y él ya se había transformado en “el caudillo depuesto”; la otra, inamovible en su rol de protectora, ideóloga, mártir y conductora de esa improbable pero justiciera revolución, apodada “Entre Ríos” por un repugnante suceso acaecido también durante su más tierna juventud; y, por último, la menos agraciada de las tres, la ingenua, la pobrecita frágil de entendederas que en medio de los parlamentos más punzantes puede salir con un salmo de la Biblia o con los versos de Santa Teresa de Ávila, una poeta mística española, que le dan título a la obra. 
Y entre todas ellas, aparece y planea, como una sombra imposible, la figura del líder al que se espera con la misma ansiedad con que se esperaría a un mesías, o también a un padre superior o un imposible deus ex machina que vendrá a arreglarlo todo con su sabiduría. Vale destacar, en este sentido, lo acertado de la voz en off del actor Arnaldo André leyendo la carta de Perón mencionada anteriormente. Pero entre ellas también planea el mariposón, el maricón, el che pibe, el transformista que también está signado por la actuación: no sólo por su condición sexual o por su labor artística sino porque al promediar la obra se descubre cuál es su verdadera identidad, lo que precipita luego los acontecimientos. No logrará, a pesar de sus esfuerzos, salirse con la suya porque ha elegido el camino más vil y su trágico final signará también el final de las tres mujeres y su quijotesca empresa. 
La obra descansa mucho de su potencia en un uso certero, pero en ocasiones un tanto abigarrado, de la escatología así como también de la ironía y de un humor que, lejos de motivar la risa hilarante, motiva los sentimientos más acongojantes del ser humano: la inmensa, incomparable e inefable soledad en la que habita cada uno desde que nace hasta que muere y cómo cada uno de estos personajes intenta lidiar, sin demasiado éxito, con ello. 

Funciones: Viernes 23 horas
Camarín de las Musas, Mario Bravo 960
Reservas: 4862-0655
Entrada: $30 - Desc. est. y jub. $15

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LO IRREPARABLE

27/03/09 - Teatro: La prótesis (Kahan)

La palabra “prótesis” proviene del griego y significa, literalmente, “colocar delante”. Metafóricamente, se la emplea para designar, según el diccionario, el “procedimiento según el cual se repara artificialmente la falta de un órgano o parte de él, como la de un diente, un ojo, etc.”. La prótesis es el título de la obra de Martín Kahan, reestrenada el viernes 13 de marzo en el coqueto Camarín de las Musas, en la que sin duda alguna se nos ponen cosas “delante” y, por sobre todo, se intenta reparar artificialmente lo irreparable. 
Un consultorio odontológico misérrimo, venido a menos, cuyo equipamiento más moderno data de 1926; un odontólogo tan venido a menos como su consultorio, esperando una prebenda sindical que nunca llega, obsesionado con su madre muerta; un sindicalista del Teatro Colón, inescrupuloso, violento e insensible, que promete cosas que nunca piensa cumplir y una cantante de ópera que la víspera de una importantísima audición pierde un diente, son los efectivos ingredientes de esta puesta minimalista pero audaz en la que se convocan todos los sentidos del espectador. 
A saber: comienza en la más absoluta tiniebla, puesto que un corte de luz se ha producido en el consultorio; durante el transcurso de la obra, los sonidos infernalmente desagradables del torno del dentista se contraponen a las altísimas notas a las que intenta llegar, desolada ante la falta de su diente, la soprano; en el clímax, un escalofrío nos recorre al advertir no sólo el delirio —anestésico, onírico— en el que entran los tres personajes (protagonizados por Natalia López, Pablo Barboza y Matías Scarvaci), sino la inquietante posibilidad de que la muerte que se produce en escena no haya sido producto de la impericia del dentista arruinado por el alcohol y el juego sino una aguda estratagema de la soprano para huir del abismo pasional (besos y golpes a un tiempo) en el que estaba sumida. 
El tiempo pasado y el tiempo futuro siempre se les escapan a estos personajes que lentamente van opacando y dejando a un lado al sindicalista: el odontólogo no puede dejar de pensar en su madre, también cantante de ópera, quien lo llevaba al teatro desde muy pequeño, y va desplegando su obsesión al punto de hacerle la prótesis “provisoria” a Laura —la soprano herida por el amor (los celos) del sindicalista— desarmando la que hiciera años ha para su madre; llevándolos al paroxismo al traer el velo y el vestido que su madre usara para uno de sus estrenos. La soprano ve escaparse la posibilidad de obtener un papel formidable en la audición que tiene al día siguiente si no le reparan el diente de una vez por todas, pero aun cuando se lo reparan los efectos de la anestesia no se hacen esperar y las once de la mañana del día siguiente nunca llegan. 
Vale la pena destacar el atinado uso de la luz del atemorizante aparato odontológico del año 1926, del que el dentista se siente enormemente orgulloso, tanto que es lo único que no está dispuesto a jugarse en una sobrecogedora mano de naipes con el sindicalista, mientras Laura se recupera (o se va definitivamente) de la anestesia. Su lámpara, potente, con la misma frialdad aséptica y tenebrosa de las luces de los quirófanos, opera como un reflector más y es direccionada por el dentista según las escenas lo requieren y su contraste con la oscuridad reinante en el resto del escenario refuerza los efectos buscados. Otro tanto puede decirse del ominoso sonido del torno, símbolo y eco de otros instrumentos (de tortura) aún menos agradables. El vestuario recrea un look de los años cuarenta/cincuenta y el guardapolvo sobado y mal abrochado del dentista casan perfectamente con la precariedad y sordidez general de la escena. 
Si algo hay que señalar es el no tan atinado recurso al elevamiento de la voz como modo de dar énfasis o dramatismo a las escenas. En un par de ocasiones en que esto sucede en la obra la confusión de las tres voces elevándose una por sobre la otra termina saturando el oído del espectador y no permitiéndole discernir qué dice cada quien. Si acaso fuese un efecto buscado, sería bueno replantearse hasta qué punto contribuye a la eficacia y contundencia de una obra que no necesita de gritos para merecer sobradamente el aplauso. 

Funciones: Viernes 23:15 hs. 
El Camarín de las Musas 
Mario Bravo 960 / Reservas: 4862-0655 
Entrada: $25 - Jub. y est. $15

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sábado, 5 de septiembre de 2009

EL POETA ES DEUDOR DEL UNIVERSO

06/02/09 - Teatro (musical): Cielo rojo (el sueño bolchevique) (Tritek)

“Cielo rojo” es un espectáculo teatral y musical nacido en el ciclo “Octubre Rojo Rojas” realizado en el Centro Cultural Rojas con motivo de los 90 años de la revolución rusa, cumplidos el pasado 2007. Gracias al merecido éxito de la puesta de Helena Tritek, la obra continuó representándose durante todo el 2008 y en este 2009 retoma sus funciones en el Patio de Actores, un lugar pequeño pero acogedor, ideal para un espectáculo de estas características.
En él se fusionan el biodrama (con la presentación a cargo de Teresa Cura, militante del Partido Comunista cordobés), la música (con la guitarra de Gabriel Magni), las canciones en ruso, de una alegría y tristeza desgarradoras, en la excelente voz de Gipsy Bonafina, la danza, las consignas revolucionarias, la efervescencia de una época de cambios inusitados y, sobre todo, la poesía de dos enormes poetas rusos: Anna Ajmátova (interpretada por Silvia Docampo y Charo Moreno) y Vladimir Maiakovsky (interpretado por Esteban Meloni, ternado como Mejor Actor de Reparto en los premios “Florencio Sánchez” por este trabajo). Durante los sesenta minutos de la obra, los versos encendidos, apasionados, incandescentes y renovadores de ambos poetas sobrevuelan y flamean como las banderas rojas que flamearon también en su día y que en la obra adquieren un simbolismo trágico e innovador a la vez.
La acción siempre transcurre en Rusia pero se ubica en diferentes lugares y momentos: en Moscú, en San Petersburgo, en Ekaterimburgo; en la Plaza Roja, en el cabaret literario “La Linterna Roja”, en los jardines del Palacio de Invierno del Zar, en una cabaña en los Montes Urales y en el sótano de una fábrica. Cada cambio de escena está marcado por alguno de los personajes que, o bien anuncia dónde y en qué año transcurre la acción antes de que comience o bien lo dice durante la acción misma.
Así, por ejemplo, asistimos a la alegre y desmesurada reunión de los poetas en el cabaret literario, donde ocurre uno de los pasajes más memorables en lo que a texto se refiere: el discurso de Lili, la soldado cantante, dirigido al “camarada inspector” en el que se reconoce deudora de los impuestos, sí, pero ante todo y como poeta, se declara deudora del universo. En otro pasaje, las zarinas, ajenas a cuanto sucede fuera de los límites del palacio, hablan y cantan en francés, se hacen reverencias y creen vivir en un cuento de hadas. Los tramos más desgarradores, sin caer nunca en el golpe bajo, son el fusilamiento de las zarinas, la terrible espera de la poeta Anna Ajmátova a las puertas de la cárcel donde están sus compañeros y, sin lugar a dudas, el suicidio del poeta Maiakosvky, autor de los versos que coronan la obra y que vale la pena repetir: “¡Resucítenme, aunque sólo sea porque soy poeta / y esperaba el futuro  luchando / contra las mezquindades de la vida cotidiana! // ¡Resucítenme aunque sólo sea por esto! // ¡Resucítenme, quiero acabar de vivir lo mío, mi vida!”
En la obra figuran también otros poetas del momento, como Alexander Blok y Boris Pasternak, el reconocido autor de la novela Doctor Zhivago. La puesta en escena, minimal pero contundente, y la dosificación de los cuadros, puede pensarse como el rítmico movimiento del corazón en tanto hay momentos de expansión (como el pasaje del cabaret, exultante, gozoso, con un franco espíritu de bacanal poética y espiritual) y momentos de contracción (como el fusilamiento de las zarinas, inquietante, escabroso, contrastante en grado sumo con el primer cuadro en que ellas aparecen). También podría pensarse, más en consonancia con el espíritu político de la obra, en la dinámica de la dialéctica: tesis, antítesis y síntesis, bella y soñadora síntesis representada en la bandera roja que ondea hasta el final.

Funciones: viernes y sábado a las 21 hs. Actualmente (septiembre 2009): domingos a las 17:30 hs.
Patio de Actores, Lerma 568 (la sala posee aire acondicionado)
Informes: 4772-9732
Entrada: 25$. Jubilados y estudiantes, 20$

Links de interés

Cielo rojo


Nota en El Leedor.com


Crítica en ANSud