sábado, 12 de septiembre de 2009

ESPERANDO AL POCHO

17/04/09 - Teatro: Nada te turbe, nada te espante (Manso)

Alguna vez habrá que hacer una rigurosa revisión de la iconografía peronista en nuestro país. Más específicamente, de los mitos que sus figuras faro (Perón y Evita) generaron consciente o inconscientemente. Muchas obras literarias pueden entregarnos numerosas claves en este sentido. 
Si en la novela Los reventados de Jorge Asís un grupo de hombres esperaba la vuelta de Perón fabricando posters para vender en los alrededores de Ezeiza (creyendo además salvarse con ese gran “negocio”), en “Nada te turbe, nada te espante”, obra de teatro escrita por Diego Manso y dirigida por Pablo Rotemberg, estrenada el pasado viernes 17 en el Camarín de las Musas, es un grupo de mujeres (interpretadas por Débora Dejtiar, Laura López Moyano y Viviana Vázquez) el que espera el mismo acontecimiento, pero de una manera muy diferente. 
Tres mujeres saqueadas, vapuleadas, jaqueadas esperan el regreso del líder justicialista. Junto a ellas está también un homosexual transformista del que una, la —en apariencia— menos lúcida mentalmente, está perdidamente enamorada. Tres mujeres que en el calor, sofoco y sordidez de un vestuario, de un camarín de un antro de mala muerte, esperan lo imposible: la redención. Pero su espera no es pasiva ni paciente. Tienen planes. Y piensan llevarlos a cabo. En realidad, su dudosa actividad en el bolichongo es una tapadera: van a hacer la revolución. Y están decididas. Y nada podría detenerlas ni hacerlas desistir. 
La trama se va desenrollando lentamente, a pesar de la cortedad de la obra (apenas unos 70 minutos en tiempo cronológico; en tiempo de sensaciones y emociones, la obra tiene picos muy agudos, logrados por las excelentes actuaciones de los cuatro actores). Podría decirse que la obra oscila entre el grotesco discepoliano, la novela rosa —pero descarnada— y la perfecta hechura puiguiana del personaje del homosexual (representado por Germán Rodríguez). El escenario permanece igual a lo largo de toda la puesta, salvo en la escena final; los cambios de escena están adecuadamente marcados por la música, las luces y las entradas y salidas de los números que las “actrices” deben representar en ese lugar. 
La actuación es precisamente uno de los ejes tematizados: las mujeres actúan, por llamarlo de algún modo, ante sus clientes; actúan entre ellas; actúan hacia “fuera”, manteniendo la triste fachada de mujeres golpeadas por la vida, de quien nadie sospecharía que aguardan el momento exacto de entrar en acción; y actúan también para sí mismas, empeñadas en mantener cada una un rol que le ha sido asignado hace mucho tiempo y del que no se pueden ya apartar: una, inclaudicable en su amor por el General, a quien llama por su apelativo cariñoso “Pocho”, sigue aferrada a una carta que éste le enviara cuando ella era apenas una púber y él ya se había transformado en “el caudillo depuesto”; la otra, inamovible en su rol de protectora, ideóloga, mártir y conductora de esa improbable pero justiciera revolución, apodada “Entre Ríos” por un repugnante suceso acaecido también durante su más tierna juventud; y, por último, la menos agraciada de las tres, la ingenua, la pobrecita frágil de entendederas que en medio de los parlamentos más punzantes puede salir con un salmo de la Biblia o con los versos de Santa Teresa de Ávila, una poeta mística española, que le dan título a la obra. 
Y entre todas ellas, aparece y planea, como una sombra imposible, la figura del líder al que se espera con la misma ansiedad con que se esperaría a un mesías, o también a un padre superior o un imposible deus ex machina que vendrá a arreglarlo todo con su sabiduría. Vale destacar, en este sentido, lo acertado de la voz en off del actor Arnaldo André leyendo la carta de Perón mencionada anteriormente. Pero entre ellas también planea el mariposón, el maricón, el che pibe, el transformista que también está signado por la actuación: no sólo por su condición sexual o por su labor artística sino porque al promediar la obra se descubre cuál es su verdadera identidad, lo que precipita luego los acontecimientos. No logrará, a pesar de sus esfuerzos, salirse con la suya porque ha elegido el camino más vil y su trágico final signará también el final de las tres mujeres y su quijotesca empresa. 
La obra descansa mucho de su potencia en un uso certero, pero en ocasiones un tanto abigarrado, de la escatología así como también de la ironía y de un humor que, lejos de motivar la risa hilarante, motiva los sentimientos más acongojantes del ser humano: la inmensa, incomparable e inefable soledad en la que habita cada uno desde que nace hasta que muere y cómo cada uno de estos personajes intenta lidiar, sin demasiado éxito, con ello. 

Funciones: Viernes 23 horas
Camarín de las Musas, Mario Bravo 960
Reservas: 4862-0655
Entrada: $30 - Desc. est. y jub. $15

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